jueves, 30 de julio de 2015

Libros de ciencia: enseñanza, divulgación y periodismo científico


¡¡¡Paren las rotativas mentales!!! "La teoría que habla" habla y te cuenta sobre libros de ciencia editados en los últimos años en Argentina. Los hay de Periodismo científico, de Divulgación y de Enseñanza.
Esto es una lista muy reducida que será ampliada.

Ciencia y superhéroes
Paula Bombara y Andrés Valenzuela
Siglo XXI
226 págs

El Bonobo y los diez mandamientos
Franz de Waal
Tusquets
281 págs

Viaje a las estrellas
de cómo (y con qué) los hombres midieron el universo
Guillermo Abramson
Siglo XXI
128 págs

Histpria de las estrellas
Mariano Ribas
Capital intelectual

El último Teorema de Fermat
Simon Singh
Paprika
384 págs

¿Querés saber cómo hacemos para sentir?
Mariano García y Leticia Gotlibowski
EUDEBA
255 págs

Animales naturales
Teruyuki Komiya y Toyofumi Fukuda
Fondo de cultura
40 págs

"Cocinar, limpiar y ganar el Premio Nobel (y nadie se entera)"
Siglo XXI
Valeria Edelztein
214 págs

El nuevo cocinero científico
Diego Golombek y Pablo Schwarzbaum
Siglo XXI
230 págs

Agilmente
Estanislao Bachrac
Sudamericana
380 págs

Modelo para armar
Martín Cagliari
Siglo XXI
180 págs

Matemáticas para todos
Adrián paenza
Sudanericana
348 págs

El libro de la física
Clifford Pickover
Librero
480 págs

Microcosmos
Dorion Sagan
Tusquets
290 págs

Todo lo que necesitás saber sobre ciencia
Federico Kukso
Paidós
250 págs

Demostrando a Darwin
Gregory Chaitin
Tusquets
152 págs

Química orgánica
V.V.A.A.
UNSAM
390 págs

Dinosaurios sin armaduras
Sin autor
El Ateneo
90 págs

Científicos en el ring
"Luchas, pleitos y peleas en la ciencia"
Juan Nepote
Siglo XXI
120 págs

"¿Cómo, esto también es matemáticas?"
Adrián Paenza
Sudamericana
307 págs

La química está entre nosotros
Julio Andrade Gambo y Hugo Corso
Siglo XXI
118 págs

Evolución en cuatro dimensiones.
Genética, epigenética, comportamiento y variación simbólica en la historia de la vida
Eva Jablonka y Marion Lamb
Capital Intelectual
504 págs

Cavernas y palacios
En busca de la conciencia del cerebro
Diego Golombek
Siglo XXI
214 págs

Azar, ciencia y sociedad
Desde la astronomía hasta la biología y la economía
Pablo Jacovkis y Roberto Perazzo
Eudeba

Matemáticas. Ascenso infinito
David Berlinski
Debate

jueves, 9 de julio de 2015

"Y despreciando el segundo término de la expresión..."


El físico ruso Igor Tamm, en un sello del correo de Rusia del año 2000: "Idea de fonones, 1929".
Fuente Wikipedia

Pocas veces, cuando se habla de diferentes aspectos y cuestiones de la ciencia y sus métodos, se le da la importancia que merece el delicado tema de definir qué es despreciable y qué no lo es en los cálculos y desarrollos. Bueno acá van estas líneas, casi descartables, sobre eso.

Son dos textos que, ligerísimamente modificados, bah, con cambios despreciables, publiqué como comentarios en el excelente sitio El gato y la Caja en respuesta a la frase gatuna "Qué tupé el de la física y su manía de andar definiendo qué es y qué no es despreciable" que además publicaron en su Facebook El gato y la Caja - Comunidad

Va el primero de mis comentarios:

A mí todo esto de los criterios de despreciabilidad numérica en la ciencia me desorienta. A lo largo de los años de estudio, secundarios y universitarios, me enseñaron a despreciar sin piedad términos en desarrollos en serie, efectos relativistas, decimales en números irracionales o trascendentes, o valores de corrientes inversas, rozamientos, resistencias de cables, masas, temperaturas, presiones, alturas y volúmenes. Y ni que hablar de esas tres escandalosas asociaciones ilícitas (Maxwell-Boltzmann, Fermi- Dirac y Bose-Einstein) dedicadas a despreciar cualquier obstáculo numérico que se interpusiera entre ellos y la fórmula final de sus estadísticas clásicas o cuánticas. Año tras año de estudios ante mis ojos inocentes los profesores de turno endiosaron la Aproximación, el Redondeo simétrico y el Truncamiento. Se la pasaban desechando decimales a lo pavo. No había demostración teórica, modelo físico o problema de orden impar que, en nombre de poder lidiar con la embromada complejidad de la naturaleza, se salvara de alguna clase de sádico cercenamiento a discreción, o de ser rebanado, feta a feta, como el queso en lámina. Ante mis ojos, cada vez menos inocentes, los profesores se convirtieron en inescrupulosos maquiavelos matemáticos, para los que el fin justificaba los desprecios.¿Y todo para qué, eh, para qué? Para que ahora me vengan con que calcularon Pi con diez billones de decimales, solo para demostrar quien la tiene más grande en materia de supercomputadoras y algoritmos de cálculo. O peor aún, para que los cosmólogos panqueques se den vuelta (valga la redundancia) y ahora terminen apreciando y haciendo apología de la importancia de lo infinitamente pequeño: de la duración de la época de Planck, a pesar que apenas si va del instante cero del bebé universo hasta solo 10 a la menos 43 segundos después. Apreciación totalmente exagerada, si tenemos en cuenta que tiempo es dinero y con ese tiempo ya no alcanza para comprar ni una aceituna para la picada en el súper, lo cual es una gran ironía, si consideramos que posterior a la época de Planck vino la llamada etapa de inflación (aunque esta última todavía está bajo sospecha).

Y acá va el segundo comentario:

Esta es la secuela del comentario anterior, después de todo, en la era de las interminables secuelas en cine, la mía pasa casi desapercibida y el efecto nocivo que pueda tener para la mente lectora es... "despreciable". La frase del Gato y la Caja me da el pie (y a mí si me dan el pie me agarro el pie, la pierna, la pantorrilla, la rodilla, los muslos...) para citar una breve historia que conocía de la era de los libros de papel, muy anterior a la era de internet y los e-books, porque, desde hace muchos años, como se diría ahora en Facebook "la historia de la ciencia y yo tenemos una relación". El protagonista es el físico ruso Igor Yevgénievich Tamm, premio nobel de física 1958 por el efecto Cherenkov-Vavílov. Y si se me permite, hablando de cine, el spoiler, a esta historia la titulo "El masaje cardíaco salva vidas, pero saber calcular el error por truncamiento en el desarrollo de serie de Taylor de una función también salva vidas".
Se lee, por ejemplo, acá: http://bit.ly/1D1NtgH o acá http://bit.ly/1CrMefT
Y poniéndonos en alumnos, acá se ve cómo se calcula el error salvador: http://bit.ly/1To4NpL

jueves, 2 de julio de 2015

Planetarios de Argentina

Podés acercarte al Universo desde una butaca en Argentina -además de acceder a información, conferencias y mucho más-, a través de cuatro planetarios, todos con tecnología nuevecita, de primer nivel mundial.

Planetario de Rosario, Pcia de Santa Fe
Planetario Galileo Galilei, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Planetario de Malargüe, Pcia de Mendoza
Planetario de la Universidad Nacional de La Plata, Pcia de Buenos Aires

domingo, 28 de junio de 2015

Adelardo de Bath, un científico travieso y temerario en la previa al nacimiento de la ciencia moderna

Manuscrito iluminado del siglo XIV de la traducción de los Elementos de Euclides atribuida a Adelardo de Bath. ¿Notaron el detalle en la escena? Es una mujer la que les enseña la geometría a los hombres.

Por José Alejandro Tropea

¿Qué serías capaz de hacer por amor a la ciencia? ¿Arriesgarías tu pellejo dejando la tierra que te vio nacer para marchar a otra tierra ignota, lejana e invadida, donde los invasores no verían con buenos ojos que aproveches el conocimiento conquistado por ellos? Si no te da para tanto podés sublimar la falta de aventuras poniéndote una remera de Indiana Jones y leyendo esta breve historia.

El almanaque nos dice que la acción transcurre, años más años menos, alrededor del 1100. La supernova del Cangrejo, visible en 1054, ya quedó atrás; el cometa Halley y la decisiva batalla de Hastings (1066) también pasaron. La ciencia mahometana en Oriente está en decadencia, pero se ha empezado a desarrollar con nueva fuerza en Occidente. La primera ola llega a dos ciudades de España: Córdoba y Toledo. En Córdoba, en el año 970, salvando las distancias, se reproduce en miniatura el fenómeno de Alejandría: bajo la iniciativa de dos califas, Abderramán III y Alhakem II se funda una academia y una biblioteca. El interés por el conocimiento y las ideas árabes se expande por la Europa occidental. Herman el manco (1013-1054) del monasterio de Reichenau en Suiza, escribe libros de matemática y astrología donde la influencia árabe se hace notar.

Aparece en escena el amigo Adelardo de Bath (1090-1150)

No era fácil adquirir conocimientos en esos años áridos y escasos de fuentes de datos; olvidate de la imprenta, internet y la televisión por cable, apenas si había manuscritos iluminados y palimpsestos religiosos, que por la falta de soporte físico en blanco, arrasaban con los contenidos de originales, venidos algunos de Alejandría y de autores como Arquímedes. Para no mencionar que mucha de la información ya comenzaba a guardarse celosamente para unos pocos con estrictas reglas de acceso, que adelantaban en tres siglos la oscura atmósfera de "El nombre de la rosa" (1327). Pero el inglés Bath, con tal de saber lo que quería saber, estaba dispuesto a todo, y sin vacilar, o tal vez después de una previa con whisky escocés en algún hospitalario pub de la campiña británica, tomó valor, se decidió y se mandó. Cruzó al continente para recalar en España...

Un luminoso día del año mil cien y pico, en los claustros árabes de Córdoba, donde los alumnos que asistían a clases eran excluyentemente árabes, nos encontramos con un nuevo estudiante. Si no lo observamos de cerca no podemos identificarlo fácil, así que nos acercamos discretamente, lo miramos con detenimiento y descubrimos que se trata de Adelardo encubierto, disfrazado de mahometano. La audacia rindió sus frutos, para empezar escribió "Cuestiones naturales", un compendio de ciencia árabe.

A nuestro pionero le siguió otro inglés, Robert de Chester (1110-1160), que circulando por la banquina de la ciencia acercó a occidente la alquimia árabe. Otro inglés, John de Hollywood (c. 1195- c. 1256), más conocido como Sacrobosco, nacido en Yorkshire, que llegó a profesor de astronomía y matemáticas en la Universidad de París, escribió una "Astronomía", obra que a pesar de ser solo una traducción de autores árabes no la pasó nada mal, alcanzó para convertirse en libro de texto modelo por un tiempo bastante razonable para la época.

Las traducciones vienen marchando

Mientras tanto Adelardo sigue adelante con sus planes. Durante su permanencia en Córdoba, en medio del torrente de traducciones de clásicos que se venían haciendo, consiguió una copia de los "Elementos" de Euclides en árabe y lo tradujo, convirtiéndolo en la base de todas las ediciones europeas de ese libro hasta que fue hallado el texto original griego en 1533.

No se trata solo de ingleses. Domingo Gonzalez de Toledo tradujo obras de Aristóteles al latín. Juan de Sevilla thizo eso mismo con escritos astronómicos y astrológicos de Albatani, Alkirismi, Alfarabi, Alkindi y otros. Gerardo de Cremona aprendió el árabe residiendo en Toledo y tradujo más de noventa obras completas del árabe al latín, incluido el difícil de descartar "Almagesto" de Tolomeo, los "Elementos" de Euclides y obras de Apolonio (el señor de las cónicas), Arquímedes, Albatani, Alfarabi, Geber .y Alhacén.

Y lejos, muy lejos de España, en la India, Baskhara, que nació en 1114, escribe una astronomía que contiene la primera explicación que se conoce de los métodos actuales de la aritmética para adición, sustracción, multiplicación y división.

Abelardo no se rinde y vuelve a la carga, nada menos que con los números arábigos

A ver, la historia fue así: Los árabes tomaron de la India el sistema de numeración ahora llamado arábigo trransmitiéndolo a Occidente y Adelardo lo tomó de los árabes y lo dio a conocer cuando tradujo al latín la "Aritmética" de Alkirismi. Pero no terminó ahí la historia, sino hasta que Leonardo de Pisa (c. 1170-1250), más archiconocido como Fibonacci, el hombre detrás de la sucesión que lleva a la razón áurea, en su libro "Algebra et Almuchabala", o "Liber Abaci", lo recomendó como más conveniente que el sistema romano, haciendo que esta historia tenga final feliz para Occidente y los números romanos queden para indicar los siglos, la hora en los relojes y el año en el copyright de las películas de Hollywood.

jueves, 25 de junio de 2015

Escenarios triunfalistas: el cálculo que seduce

Usados y abusados como medio de manipulación de individuos y sociedades enteras, nacidos espontáneamente por causas genuinas y legítimas, o cabalgando a medio camino entre la intencionalidad y la inocencia, los escenarios triunfalistas han estado presentes a lo largo de la historia en todos los órdenes (político, económico, deportivo, comercial, militar y hasta científico y tecnológico) y en todos los rincones y recovecos de la Tierra.

Por José Alejandro Tropea para La ciencia a mi manera.
Ilustración: Eugène Delacroix. "La Libertad guiando al pueblo" París, Louvre.

Zapping: La costumbre más vieja del mundo


Con la típica tecnosoberbia que nos caracteriza, de creer que todo se inventó ahora, incluso las cosas malas y sus daños colaterales, creemos, encandilados por la portentosa ola -en realidad más tsunami que ola-, de medios electrónicos que nos envuelve, que el zapping es una acción exclusiva de esta época, pero no es así. Es más, creemos, ignorancia y distracción de por medio, que se trata de algo inferior, negativo, un mal necesario, pero tampoco esto es así. El zapping está y estuvo siempre en nuestra mente, desde antes que el fuego, el arado y el control remoto. Alberto Ure, a quien el árbol electrónico no le impidió ver el bosque, lo deja claro como el agua en este párrafo:

"Hace poco veía en televisión las críticas a la televisión de un ex-comisario político. Se lamentaba de que el zapping había anulado el montaje, porque ahora nadie seguía todo el desarrollo dramático del Potemkin, sino que se escapaba para ver el programa de cocina del Discovery cada dos minutos. ¿Pero es que alguien, además de Eisenstein, lo siguió alguna vez todo tal cual está hecho? ¿Acaso en un cine semicongelado de Moscú en el milnovecientos veintipico otro vio toda la película sin pensar en otra cosa? El placer estético funcionó siempre como un zapping sobre el objeto, porque toda obra de arte es siempre una obra abierta, pero no se sabe a que, ni que recombinación secreta hace el receptor para seguir disfrutándola".

Alberto Ure (director de teatro)
En su nota Un espectador cínico, incluida en el dossier El enigma del receptor ¿Quien es el público?.
Suplemento Cultura y Nación del Diario Clarín de Argentina, del jueves 19 de enero de 1995.
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